domingo, 23 de mayo de 2021

Picotean por ahí en un estudio realizado .......Ojo con los youtubers: cuna de fake news. Las redes han tardado en reaccionar.


MAURICIO CABRERA Y FRANCISCO J. TREJO CORONA
Tomado de la Fundación Lucas de Tena
Picoteando el Espectáculo 
Los youtubers que han menti­do, mienten y si­guen mintiendo. Están alineados. Los resultados de la inves­tigación en México son con­tundentes: en el periodo de enero del 2020 a febrero del 2021 se produjeron 63 desinformaciones entre los veinte youtubers más popu­lares.

En su conjunto, se encon­traron 40 youtubers con ni­veles de audiencia significa­tivos. Totalizan más de 18.6 millones de usuarios.

“El Charro Político”, pro­piedad de la agencia de marketing Brolan, funda­da por Saúl Soltero, es el canal que más desinforma­ción generó al haberse con­tabilizada 15 informaciones falsas.

En cantidad de desinfor­maciones publicadas le si­guen “El Chapucero” con 7 desinformaciones y “Bendi­tas Redes Sociales” con 6.

La desinformación no representa castigo algu­no para los emisores. Por el contrario, ha sido parte ac­tiva del posicionamiento de Juncal Solano, conductora estelar de El Charro Políti­co, quien terminó convir­tiéndose en candidata de Morena, el partido en el go­bierno, mismo caso que Jo­sé Ramírez y Fernando Car­mona.

En su conjunto, Brolan genera entre sus más de 40 canales de YouTube ci­fras que van de los 40 a los 50 millones de pesos al año (2 millones de dólares), de acuerdo a información de Story Baker.

Si estas cifras de desin­formaciones no fueran sufi­cientes para dimensionar el problema, el impacto sí que amerita una reflexión. En­tre los casos detectados por LatamChequea destacó un video publicado por “Ben­ditas Redes Sociales”, canal con 541 mil suscriptores, en que se asegura que milita­res estadounidenses provo­caron la pandemia. Dicho contenido alcanzó más de 704 mil reproducciones, se mantiene vigente y es posi­ble encontrar comentarios como los que siguen, en los que la gente en vez de cues­tionar su legitimidad da por válida la teoría conspirati­va.

En el caso de Juncal So­lano, candidata a una di­putación en Zapopan, Ja­lisco, realizó un video que aseguraba que en marzo de 2020, cuando la presencia del virus se intensificaba en México, ya existía una cura para el Coronavirus a través de un medicamento mexi­cano, e incluso menciona una felicitación del gobier­no ruso al presidente López Obrador. El video que aún se encuentra disponible al­canzó 917 mil reproduccio­nes y más de 46 mil likes en el “Charro Político”, canal con 1.6 millones de suscrip­tores.

Por su parte, “El Chapu­cero”, canal con 1.3 millo­nes de suscriptores, deto­nó una serie de videos que lo mismo aseguraban que el del COVID no era un vi­rus mortal que daban por válido el uso del plaquenil como cura frente al Corna­virus.

¿Qué se aprendió?
Tras la publicación del re­porte se conversó con Sin­dy García, cofundadora de “Verificado” y una de las principales responsables de esta investigación. Ella nos compartió los siguientes in­sights:

Podría plantearse la tesis de que la desinformación ha sido el mayor generador de visitas durante la pande­mia que la información con­firmada.

La publicación de desin­formación, ya sea intencio­nal o no, no es una exclu­sividad de los youtubers. Medios tradicionales tam­bién lo hicieron. (Como ejemplo, varios de los vi­deos que entran en la ca­tegoría de desinformación dan lectura a información falsa publicada en distintos sitios de medios tradiciona­les)

Si bien los youtubers de ambos lados del espectro político llegaron a difundir desinformación, la tenden­cia fue marcada en el caso de aquellos a favor del go­bierno mexicano.

Difundir teorías de cons­piración o soluciones-mi­lagro es algo que, apunta Sindy, en definitiva era un imán de clics y views. Tanto así que el uso de esta prácti­ca fue adoptado por medios tradicionales, conservado­res, liberales, opositores y propagandistas.

-Se decidió considerar como un grupo a los youtu­bers con posturas a favor del presidente mexicano, debido a que, incluso, han sido arropados como me­dios serios en oficinas gu­bernamentales.

El poder de los influen­cers/youtubers llega a ser más grande que el de los medios tradicionales. Si una nota es vista por miles de usuarios, los youtubers son seguidos por millones de usuarios, validados a tra­vés de placas de YouTube y con el poder para realizar transmisiones en vivo fren­te a una audiencia que con­fía en ellos a grado tal que va a creer lo que este diga.

Es necesario detonar ca­pacitaciones para que cual­quier persona, ya sea como consumidora de contenidos o como creadora de los mis­mos, comprenda las con­secuencias de propagar in­formación falsa, que en algunos casos puede provo­car la muerte.

Para entender más del rol de la desinformación du­rante la pandemia, les reco­miendo ir a mi plática con Cristina Tardáguila, directo­ra adjunta de la Internatio­nal Fact-Checking Network. Es de hace unos meses, pero explica las distintas olas de desinformación que hemos padecido.

Influencers que desinforman
A nivel mundial se repli­ca el caso mexicano. Un es­tudio revelado por el Center for Countering Digital Ha­te ha revelado que el 65% de los shares generados en torno a desinformación que llama a no vacunarse se concentra en 12 influen­cers, a los que ha bautiza­do como “The Disinforma­tion Dozen” (La docena de la desinformación).

-El estudio tomó en con­sideración Twitter, Facebo­ok e Instagram. En su con­junto, de acuerdo a este mismo estudio, los activis­tas anti vacuna alcanzan a 59 millones de seguidores en las redes sociales, canti­dad suficiente para haberse convertido en pilares de un creciente rechazo a la vacu­na, lo que puede derivar en un atraso significativo para dar por liquidada la batalla frente a la pandemia.

-Si ya hablábamos del impacto de las noticias fal­sas en torno a la pandemia en México, este estudio re­vela que durante los últi­mos meses se han generado 105 piezas de desinforma­ción anti vacuna que han si­do vistas 29 millones de ve­ces.

Estos influencers no son científicos especializados y si bien no buscan ser candi­datos como los casos anali­zados en el reporte de La­tamChequea; se benefician mediante la venta de libros y de productos de medicina alternativa.

Las redes han tardado en reaccionar. Si bien Face­book ya desactivó 16 cuen­tas relacionadas a estos in­fluencers, ellos han ido desarrollando códigos para evitar ser detectados por el sistema. Por ejemplo, men­ciona NPR, hacen el signo de una “V” para referirse a la vacuna, lo que termina evadiendo a los algoritmos.

La denuncia no es suficiente
Como parte del reporte de ChequeaLatam, un vo­cero de YouTube advirtió que la principal arma con la que cuentan hoy en día pa­ra controlar la desinforma­ción es la denuncia de los usuarios, pero esperar que eso funcione es omitir una serie de factores:

1) La audiencia que si­gue a un creador confía en él: si no sigues a un youtu­ber es posible que en nin­gún momento te encuen­tres con ese contenido, lo que te invalida para poder denunciar la existencia del mismo. Por otro lado, la au­diencia que lo sigue com­parte su visión del mundo, con lo que carecería de sen­tido que termine denun­ciando una pieza e conte­nido.

2) El espectador no pue­de saber si la noticia es fal­sa o verdadera: pese a que existen herramientas pa­ra verificar información, el usuario común y corrien­te no tiene por costumbre contrastar información. De­jar en ellos la responsabili­dad de monitorear implica omitir el compromiso que cualquier plataforma tiene ante lo que se publica den­tro de ella. Fuente listin diario

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