lunes, 3 de agosto de 2020

"Un puede ser un gran día para" "Aquellas pequeñas cosas". Joan Manuel Serrat dice “En este tiempo yo he tenido miedo al miedo”.

Por Juan Cruz-El País
Picoteando el Espectáculo

En Algo perso­nal (Temas de Hoy, 2008), un volumen de cerca de seis­cientas páginas, Joan Ma­nuel Serrat (Barcelona, 76 años) expone su corazón y sus canciones. La lectura de esos textos, que mezclan con la prosa una vida que huye del invierno y va ha­cia el sol y hacia las peque­ñas cosas, permite ahora el retrato de un ser huma­no cuyo espíritu le permi­tió rehacer, en épocas dis­tintas, la canción en la que una vez contó cómo se sen­tía a los veinte años. Ahora, cuando está a tres años de cumplir cuatro veces aque­llos años más juveniles de su autobiografía, Serrat no intentaría una versión glo­sando aquel acontecimien­to, pero en la conversación y en el escenario sí es posi­ble escucharle repetir por qué hoy, ahora mismo, tam­bién podría ser un gran día. Esta temporada de infierno por la que aún pasa el mun­do no lo ha llevado a com­poner, se ha dedicado más bien a escuchar con qué feli­cidad han cantado los pája­ros en los jardines cercanos a la casa de su confinamien­to. Desde esa casa mantuvo por teléfono esta conversa­ción con EL PAÍS.

En Algo personal están su autobiografía y sus can­ciones, así que puede verse hoy que no sólo ha contado lo que le iba por dentro, el amor, los sentimientos, sino que se ha pasado la vida mi­rando la calle, fijándose en las personas…

Yo también lo creo así, pero, como hay que esque­matizar, está todo mucho más mezclado, hay can­ciones de amor, paisajes, canción social. En gene­ral acabas contando lo que te ocurre, porque ese es tu único argumentario.

Habla del ciclo de la vi­da, del sol, del frío, de las estaciones, del hielo... ¿Qué tiempo es el que ha visto en este periodo tan extraño?

Como el de todos, mi mundo está muy conec­tado. La televisión, la ra­dio, la prensa, las redes, Internet… El mundo globa­lizado se ha ocupado de co­mentar lo que ha ido pasan­do. Yo lo he visto como un tiempo de confinamiento. Mi pequeño mundo ha si­do mi universo. Tengo una casa con árboles y aire li­bre, podía salir a ese espa­cio verde y desde ahí ver la colmena de mi ciudad. Pen­saba en la dificultad que es­te tiempo, añadida para las personas que viven con hi­jos en casas pequeñas, en las que debían aguantar muchas presiones. Desde ahí he visto pasar el tiempo, cómo se acababa el invierno e iba apareciendo la prima­vera. Los almendros y los árboles mostraban la nue­va vida, indiferente a todo lo que ocurría. Sobre todo, he ido manteniendo una comunicación con los pája­ros que, con este encarcela­miento de la especie huma­na, han estado mucho más libres, menos amenazados, muy tranquilos en su liber­tad. Y he visto aparecer pá­jaros que hacía mucho que no veía por mi casa, jilgue­ros, un colibrí. Las palomas, las torcaces, las urracas, es­tán por aquí normalmente, pero otros han aparecido ahora. Imagino que sin la presión humana han tenido otros espacios. Me lo he pa­sado muy bien viéndolos y escuchándolos.

Quizá se ha dado cuen­ta de que si esto algún día se va al carajo en efecto se quedarán los pájaros can­tando.
R. Seguramente estarán mejor que ahora. Hoy en día ponen muchos menos huevos por anidada y son menos aún los que acaban en crías por la presión hu­mana, tanto en la ciudad como en el campo... Este tiempo lo he pasado sin la obligación de utilizarlo pa­ra algo “provechoso”. No he tenido un gran interés o presión por escribir o com­poner, porque no sabía muy bien a qué argumentario remitirme. Vivía ante una gran desinformación sobre las razones que nos estaban llevando a todo esto, supon­go que igual a la que han tenido los científicos para aclarar cosas más allá del reconocimiento de un virus, o como los políticos para ti­rar hacia adelante, o los po­bres sanitarios para pelear desde una situación de ma­yor igualdad. Como ciuda­dano yo tenía una desorien­tación semejante.

¿Ha tenido interés por el debate político producido o ha desconectado?
R. Ha sido imposible des­conectarse. A veces las vo­ces eran tan agrias y es­truendosas que ni cerrando las puertas podías evitar­lo. Lo que ha ocurrido aquí y fuera es bastante penoso, y es cuando la sociedad ha estado más necesitada de orientación, de fuerza, de seguridad, de confianza. Al contrario, se nos ha propor­cionado total desconfianza y desorientación, se ha bus­cado un aprovechamiento mezquino muy a corto pla­zo y muy pequeñito. Agra­dezco a los que no lo han activado en este sentido por su responsable comporta­miento; de los otros diré que no esperaba otra cosa de ellos. Ha sido penoso.

En esa autobiografía su­ya hay muchas referen­cias al frío: “Cuando era niño hacía frío y el mun­do era triste”. La pande­mia nació con el frío. ¿Tu­vo otra vez miedo al frío?
Soy un profundo defen­sor del sol, del verano y del buen tiempo por encima de cualquier otro momento. A mí nunca me ha gustado el frío, me recuerda a los pan­talones cortos y al viento entrando por las perneras, al tiempo de los sabañones, algo ya perdido en la me­moria. Con respecto a su pregunta, creo que siempre tenemos miedo a lo desco­nocido, nos aterra lo que ig­noramos y más que miedo al frío yo le tenía miedo al miedo, un miedo provoca­do por la ignorancia y con­tra el que personalmente me habría gustado aventar a mi alrededor para afron­tarlo con valor. Asomarse a los balcones fue un acto de alegría, de la solidaridad de la gente que siempre sale. Me parece que ha sido muy importante plantarle cara a esta historia.

¿Qué es lo más noble que ha visto en este tiem­po tan duro?
¡Uy! Sería igual de difícil que decir qué ha sido lo más terrible. He visto el compor­tamiento desprendido y ge­neroso de cantidad de seres humanos que han puesto en riesgo su seguridad per­sonal para que otros pudie­ran tener posibilidad de po­der superar esto. No solo me refiero a médicos, enferme­ras, mujeres de la limpieza, sino a toda a esa gente hu­milde o sencilla que han si­do los que daban todo lo que tenían por los demás. Esto ha sido lo mejor que nos es­tá dejando esta pandemia. Probablemente lo peor sea la poca capacidad que te­nemos de aprender de este ejemplo de generosidad. No deberíamos caer con tanta facilidad en la desmemoria y el olvido. Sé perfectamen­te las ganas que todos tene­mos de superar esta época, es más, de que desaparecie­ra, que fuera un mal sueño, una pesadilla que acaba­ra al despertar y abrir los ojos, pero no estoy seguro de sea así. Más bien pien­so que esto es una histo­ria que habrá que mante­ner a raya durante mucho tiempo. Esperemos el mi­lagro de la vacuna, el mi­lagro del despertar. Mien­tras esto no ocurra, hay que activar la memoria y trabajar para que, si vol­viera a ocurrir una situa­ción como la de marzo, tengamos los medios pa­ra poder enfrentarlo, que la sanidad haya mejorado para estar a nivel de los sanitarios, que la ciencia haya podido avanzar pa­ra estar a nivel de los cien­tíficos que están trabajan­do, que las cosas estén a nivel para poder enfrentar­la. Y sobre todo, que los que no somos científicos ni sani­tarios nos comportemos lo suficientemente bien como para no darles más trabajo a todos ellos.

Mirando el presente y el pasado no tan remoto sí ve­mos cosas envejecidas por la pandemia. Por ejemplo, conflictos como el catalán...

Los conflictos o se arre­glan o se larvan. Todo lo que no esté arreglado está larvado.
Fuente listin diario

No hay comentarios.:

El papa León XIV alerta contra la idolatría política que se dice libre pero “es esclava del poder”. “No hay verdadera libertad civil sin libertad personal”

Picoteando Noticias El papa León XIV alertó este sábado contra “la idolatría” que echa a perder aquellos proyectos políticos y económicos q...