viernes, 18 de septiembre de 2020

El espectáculo en un estado de coma. La industria de la música en Re­pública Domi­nicana sigue en estado comato­so.

Por Raphi D' Oleo
El autor es empresario artístico 
Picoteando el Espectáculo


La industria de la música en Re­pública Domi­nicana sigue en estado comato­so. No hay forma rentable que permita al espectácu­lo sobreponerse a las nefas­tas consecuencias de la pan­demia. Aunque se logre la apertura, no es viable el ca­mino de la recuperación.

Los intentos de concier­tos virtuales han demos­trado que el “streaming” ni es aceptable, ni rentable ni perdurable, pero es impor­tante como complemento cuando llegue el retorno de los eventos en vivo.

El “streaming” no es aceptable porque no con­vence al público de pagar para ver (PPV) a su artista favorito a la distancia, sin contacto físico. No es renta­ble porque nuestros artistas tienen mercados limitados.

Con las honrosas excep­ciones de Juan Luis Guerra, Romeo Santos y El Torito, la mayoría solo cuenta con los compatriotas de la diáspora y pequeños grupos en mer­cados seleccionados. Y no es perdurable en el tiempo, pues el artista que lo reali­za, masifica su presencia y la repetición ameritaría un buen tiempo entre uno y otro concierto. Agreguemos la imposibilidad de conse­guir patrocinios y las difi­cultades naturales para re­ducir otros costos.

Cuando se implementen los protocolos para el espec­táculo serán fortalecidos los requisitos de gestión física y sanitaria para certificar los locales de diversión como lugares seguros, con una asistencia permitida que no creo exceda el 25% de su capacidad. Todos los in­dicios apuntan a que el go­bierno no va a abandonar el toque de queda, previnien­do un rebrote.

En mi opinión no hay manera de realizar activi­dades artísticas rentables ´por los próximos seis me­ses. Solo los bares peque­ños presentando artistas, sin derecho de admisión y con precios asequibles de las bebidas, podrán sortear esta temporada del ¨huran­covid¨.

Al principio de la pan­demia sugerí una fórmu­la para sustentar económi­camente el sector artístico/cultural, usando recursos consignados en el presu­puesto de instituciones es­tatales para realizar las acti­vidades de fin de año. Son las fiestas populares, las cuales movilizan todos los estamentos que interac­túan en el espectáculo.

Estas contrataciones se realizarán a través de em­presarios artísticos que es­tén al día con todas las re­gulaciones impositivas y empresariales vigentes en el país, quienes someterán una lista de los artistas que representan y canalizarán los contratos que deben es­tar firmados por los artis­tas.

Los empresarios cobra­rán una comisión que no debe exceder el 10% del valor del contrato y acor­darán con los representa­dos precios especiales para estas actividades, cuyos va­lores estarían estipulados por categoría y tarifas con­sensuadas entre los em­presarios y el Ministerio de Cultura o con quien desig­ne la Presidencia.

Se contratan 10 acti­vidades por artista paga­das de la siguiente mane­ra: tres en octubre, tres en noviembre y cuatro en di­ciembre, todas a ser reali­zadas en diciembre por to­do el país.

En los pueblos pequeños se llevan dos atracciones, tres en los medianos y cua­tro en ciudades grandes.

COMENTARIO

Perspectiva.

Hemos logrado la so­brevivencia, intentemos conseguir la subsisten­cia. El show business se­rá el último que abra y el último en recuperarse. La población no está en con­diciones anímicas ni eco­nómicas para disfrutar de la diversión pagada, y si no le damos calor a nues­tros ritmos hasta retornar a la vida productiva, tar­daremos más en retomar nuestra vida social.

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