lunes, 1 de abril de 2024

Teodoro Reyes y su férrea decisión de ser artista. Dice la música que me gusta es la típica. ¿Qué es lo que nunca has dicho de la bachata?


Por Marivel Contreras-País Político
Picoteando el Espectáculo

Teodoro Reyes, también conocido como «El Cieguito sabio» es uno de los bachateros dominicanos más trascendentes del país y de los pocos que ha logrado conectar con el público joven de varias generaciones, desde que en 1995 lanzó su primera producción Sentimiento.

Con esta propuesta musical, en la cual abordó temas de amor, de amargue y pasión con letras chispeantes de humor y creatividad, Teodoro rompió parámetros sonoros que vistieron de nuevos colores el género.

Pues las 12 canciones estuvieron acompañadas de novedosos arreglos, más bailables y con mayores revoluciones que lo que se estilaba en ese momento, a lo qué hay que agregar como si hiciera falta algo más, la peculiaridad de sus interpretaciones vocales. Un atractivo complemento que con voz llorosa y a la vez juguetona que nos ha implicado y puesto a cantar a todos.

Aunque es un marco importante en su trayectoria, su carrera empezó mucho antes, cuando cantaba en la playa de Boca Chica, cuando hizo su primer grupo y cuando logró que Fernando Villalona le grabara su canción La hamaquita, una canción emblemática de los años dorados del merengue.

Nos encontramos con Teodoro en una visita que hizo a Acroarte y no podíamos dejar pasar esta dichosa oportunidad sin hacerle una entrevista.

Teodoro, ¿qué es lo que nunca has dicho de la bachata?
¿Qué yo nunca he dicho de la bachata? ¿Cómo así? Yo digo todo lo que siento de la bachata. Lo expreso en mis canciones.

¿Cómo te enamoró la bachata a ti? Porque no sé si tú querías realmente ser bachatero o si querías ser merenguero, ¿cuál es la versión?
Mira, a mí la música que me gusta es la música típica, para serte sincero, pero en aquel tiempo cuando comencé estudiando en la escuela de ciegos, aquí en la capital, me hice bachiller ahí y entonces yo quería ser artista. Los muchachos de mi clase cada vez que hacían un acto empezaban a relajar conmigo dizque: «No, ahora va a cantar el bachatero». Tienes la voz de bachatero, decían los muchachos.

Ya imagino quiénes eran esos… Soy de Monte Plata y en esa época estaba ahí Edgar Reyes, Pedro Pablo, Ricardo Paredes, Juan Carlos y también Rafael Cordero…
Sí. Exactamente, exacto. De allá de Monte Plata estaba Rosa Emilia Payano.

Ellos iban a Monte Plata los sábados a dar serenata, los muchachos, además eran unos cuerderos…
Exacto.

¿Cómo recuerdas esa experiencia en la Escuela Nacional de Ciegos?
Bonita. Una a la que pudiera volver, si se pudiera volver. Retroceder a ese tiempo. Me gustaría volver a vivirla. Muy bonito, muy bonito. Yo fui muy querido por todos los estudiantes de allí y por todos los profesores. Fui uno de los estudiantes más excelentes. Déjame decirte que cuando la escuela cumplió los 54 años hicieron unos galardones para los estudiantes que más se destacaron en la escuela y gané el número dos, porque hay un doctor que es no vidente. Me preguntaron a mí, qué yo creía, si merecía el número uno o el número dos. Yo dije que nadie como el Dr. Holguin y le dieron el primero y a mí el segundo. Ya tú puedes saber…

Teodoro Reyes entró a los 12 años a la Escuela de Ciegos, donde aprendió a leer y a escribir. De ahí salió siendo bachiller, autor de letras y cantante. Todo esto sin pronóstico previo, pues su madre estaba dispuesta a tenerlo para siempre en un rincón de la casa y le decía a sus hermanas que se casaran con alguien importante para que se pudieran hacer cargo de él. Destino al que siempre se opuso, él le decía a su madre: «Mamá pero yo soy el que te va a hacer tu casa».

Para cumplir sus sueños prácticamente escapó de su madre, pues al enterarse de que existía la escuela y plantearlo en la casa, la madre no estuvo de acuerdo: «Ella no quería por nada del mundo que yo me fuera del lado de ella. Me dijo: ‘Mira muchacho tú estás loco, qué es lo que un ciego va a estudiar, si a ti nosotros te vamos a mantener todo el tiempo aquí en un rincón’».

Teodoro a pesar de toda esa negación y descalificación que recibía cuando decía que iba ser artista: «Me sentía mal, me decían: ‘Tú eres un canta malo’ y yo le decía: «Yo voy a ser un artista».

El niño de 12 años encontró apoyo en una amiga de 18 años, que lo animó. Le dio el pasaje para que viniera a la escuela. Hasta le dijo que si su madre no lo recibía cuando viniera de vacaciones que se fuera para su casa.

Muy linda historia, de gran valor porque en esa época no se hablaba ni se entendía la inclusión, ¿entonces desde chiquito ya cantabas en la casa?
Si, con latas, con galones tocaba, tocaba con tambora y con muchas otras cosas y les hacía fiestas a todas las muchachas del barrio allá en Nagua, cantándole, tocándole.

¡Ay, que lindo! ¿Es natural que te haya impresionado la música típica y el acordeón?
Si, porque tú sabes que los mejores acordeonistas han salido de allá. Tatico Henríquez, Diógenes Jiménez y María Diaz, Adolfo Díaz que eran de los artistas importantes de allí. A mí me encantaba la música típica, pero me incliné por la bachata. Me la encontré más fácil y tuve suerte cuando escribí Lindas palabritas y de ahí comencé a pasar trabajo y a tocar fiestecitas. Yo me ganaba hasta tres pesos en ese tiempo. Ya tú sabes. Yo era tamborero de Félix Quintana, también empecé a tocar acordeón, pero me lo encontré pesado. Así que me decidí por la guitarra.

¿Y entonces la guitarra cuándo llegó?
La guitarra llegó en el 77-78 cuando comencé tocaba guitarra, las cuerdas eran de acero, pero tengo la mano muy débil desgraciadamente, tengo unos huecos aquí.

Pero usas la guitarra para componer, ¿Cómo compones?
A veces me llega la musa de noche, la grabo y después al otro día la termino y cuando ya la tengo lista, le hago la música y todo. Entonces llamo a mis músicos que son los que me graban. Mis músicos tienen muchos años conmigo. Me graban y hacemos los arreglos y voy al estudio. Últimamente estoy grabando con diferentes músicos, no estoy utilizando tanto los míos.

¿En busca de nuevos colores?
Claro. Tu sabes, tú te darás cuenta cuando salga mi producción La chica de baile. Te la voy a hacer llegar de una vez. Es una producción que tiene doce canciones. Historias distintas, cada una con nombre de mujer: Toda canción que escribo se refiere a mujeres o en quejas. Yo lo que no escribo es desprecio, no me gusta. Tú nunca vas a escuchar una canción mía de desprecio.

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